Echar verbo


Los seres humanos hemos sofisticado nuestra forma de hablar. No solo en español, usamos representaciones para encubrir lo que podríamos decir directamente. Dependiendo del caso, recurrimos a imágenes, trastocamiento, eufemismos, metáforas o circunloquios. Hablar sería suficiente para referirse a echar verbo. Pero esta última expresión tiene el atractivo retador de hacer trabajar el razonamiento.

Cuando aparecen las diversas razas humanas, evolucionadas por miles de años a partir de los primates, su condición fue de desventaja. El resto de animales contaban con rapidez (velocidad gracias al uso de las cuatro patas), musculatura (imposible negar la mayor fortaleza de gorilas o chimpancés) o dentaduras y garras con mayor efectividad de ataque o defensa. Esta desventaja resultó una oportunidad de evolución más efectiva.

A diferencia de otras especies que cazan individual o colectivamente mediante sus recursos corporales o cansar y rodear a la presa, el ser humano debió desarrollar el habla y la planeación para adaptar la estrategia a las condiciones. Es decir, debió crear sonidos que representaran la realidad (palos, barrancos, piedras), pero también vocablos que representaran acciones futuras (verbos conjugados). Lo que garantizó la supervivencia a una especie limitada físicamente, fue el trabajo colectivo. Y esto último obligó a desarrollar el lenguaje y la planeación. Esto es, la conceptualización, imaginar o representar en el cerebro lo que no existe: el acto futuro.

Es fácil concluir que la acción es el elemento más importante del lenguaje. Y este no es otro que el verbo. Esta categoría gramatical por sí misma puede trasmitir una intención completa: ¡siéntate!, por ejemplo.

El verbo tiene tal peso y relevancia en el idioma que al traducir la Biblia, el término griego logos se tradujo al latín (y posteriormente al español) como verbo: «Jesús es el Verbo porque es la manera en que Dios se expresa y se comunica con la humanidad», difunden las iglesias a partir de Juan 1: 1, 14.

En un mensaje, cada oración, conceptualmente, gira en torno al verbo. Por supuesto, esta acción debe ser realizada por alguien (o algo, como en los verbos no personales: llueve). Entonces el resto de vocablos (que con el desarrollo de la lingüística se clasificaron como categorías gramaticales) se enlazan para dar sentido al verbo y a quien o a qué lo debe ejecutar.

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Chispitas de lenguaje

Consideremos un rótulo común en las calles. En unos países aparece como un círculo rojo con una banda que cruza sobre una superficie blanca o azul. En México, esa superficie es blanca y tiene una E en mayúscula. Los conductores entienden el mensaje conceptual: «no te estaciones aquí». Ello significa que las palabras han sido reemplazadas por elementos que transmiten una intención completa, pero la acción es la relevante.

El albur trastoca los sonidos para representar otras palabras: «Si tú ya lo sábanas, paquetes d’hilo» («si tú ya lo sabes, para qué te digo»), sin embargo, perdería la magia del reto. No obstante, los verbos son los relevantes.

Entonces, echar verbo significa hablar, pero dicho de forma indirecta para que quien escucha recurra a su imaginación para desentrañar el mensaje.

Enrique R. Soriano Valencia

Chispitas de Lenguaje: Ha desarrollado una importante labor periodística, literaria y académica, lo que ha enriquecido la cultura de la localidad y el Estado.