CELAYA, GTO. 18 DE DICIEMBRE 2025.- El próximo año 2026, la el Instituto Tecnológico de Roque cumple 100 años desde su fundación en mayo del 1926; la directiva ha preparado un programa especial de eventos para celebrar y destacar la relevancia histórica de la institución ubicada en la comunidad de Celaya.
Desde exposiciones, conferencias, bailes, murales, cabalgatas y una gran cantidad de eventos variados, estarán dedicados a conmemorar la escuela que actualmente alberga a más de 3 mil estudiantes de ingeniería.
SEMBLANZA
La historia de la Escuela de Roque es, ante todo, la historia de una vocación educativa profundamente ligada al campo mexicano, al conocimiento práctico y a la transformación social. A lo largo de cien años, esta institución ha sido testigo y protagonista de los grandes procesos educativos, políticos y sociales del país, consolidándose como un referente nacional en la formación de técnicos y profesionistas comprometidos con el desarrollo agropecuario y agroindustrial de México.
Fundada en 1926, en un contexto nacional marcado por la reconstrucción posrevolucionaria, la Escuela de Roque nació con una misión clara: llevar educación técnica y científica a las zonas rurales, formar cuadros capaces de transformar la producción del campo y dignificar la vida de quienes lo trabajaban. Desde sus primeros años, Roque se distinguió por un modelo educativo innovador, basado en el principio de aprender haciendo, donde el aula y el campo eran una misma escuela.
Durante sus primeras décadas, la institución se consolidó como una escuela rural con internado, una característica que permitió el acceso a la educación a jóvenes provenientes de comunidades alejadas y con escasos recursos económicos. En Roque, la formación no se limitaba a lo académico: se forjaba el carácter, la disciplina, el trabajo colectivo y el sentido de responsabilidad social. La escuela se convirtió en un verdadero hogar formativo, donde alumnos, docentes y trabajadores compartían un proyecto de vida y de país.
A lo largo del siglo XX, la Escuela de Roque experimentó nueve cambios de denominación, reflejo directo de las transformaciones de la política educativa nacional. Cada nombre marcó una etapa distinta, pero el espíritu permaneció intacto: formar profesionales del campo con sólidos conocimientos técnicos, científicos y humanistas. Estos cambios no fueron simples ajustes administrativos, sino respuestas a los desafíos que México enfrentaba en materia de producción alimentaria, desarrollo rural, investigación agrícola y modernización tecnológica: Escuela Central Agrícola de Guanajuato (1926), Escuela Regional Campesina (1932), Escuela Práctica de Agricultura (1941), Escuela Normal Rural (1959), Escuela Normal de Especialidades (1964), Escuela Nacional de Maestros de Capacitación para el Trabajo Agropecuario (1969), Instituto Superior de Educación Tecnológica Agropecuaria (1978), Instituto Tecnológico Agropecuario No. 33 (1994), e Instituto Tecnológico de Roque (2005).
En ese recorrido histórico, Roque fue también escenario de momentos complejos y de grandes luchas, particularmente en lo relacionado con la tenencia de la tierra y la defensa de su vocación agropecuaria. Sin embargo, la fortaleza institucional —sostenida por generaciones de estudiantes, profesores, directivos y trabajadores— permitió que la escuela no solo resistiera, sino que se fortaleciera. Cada dificultad fue asumida como una oportunidad para reafirmar su identidad y su compromiso con la educación pública.
Uno de los aspectos más significativos de esta historia es el liderazgo que ha guiado a la institución. A lo largo de cien años, cuarenta directores han estado al frente de la Escuela de Roque, tres de ellos mujeres, cuyas gestiones marcaron avances relevantes en distintos momentos. Cada dirección aportó visión, esfuerzo y decisiones que permitieron mantener viva a la escuela y proyectarla hacia nuevas etapas de desarrollo académico y administrativo.
La contribución de la Escuela de Roque se mide, sobre todo, en su impacto humano. Miles de egresados formados en sus aulas y campos experimentales han llevado el nombre de Roque a todos los rincones del país y fuera de México. Ingenieros, técnicos, investigadores, docentes y líderes del sector agropecuario han surgido de esta institución, participando activamente en el desarrollo regional, estatal y nacional. Su presencia en ejidos, empresas, centros de investigación, instituciones educativas y organismos públicos es testimonio vivo del alcance de esta escuela.
Con el paso de los años, Roque se integró al Sistema Nacional de Educación Tecnológica, hoy Tecnológico Nacional de México, ampliando su oferta educativa, fortaleciendo la investigación aplicada y consolidando su carácter agropecuario–agroindustrial. En un contexto donde cada vez son menos las instituciones con esta vocación, el Instituto Tecnológico de Roque se mantiene como una opción estratégica para la formación de profesionistas que atienden uno de los mayores retos del siglo XXI: la producción sustentable de alimentos y el cuidado del entorno.
La vida cotidiana de la Escuela de Roque ha estado marcada por el esfuerzo silencioso de su comunidad. Profesores comprometidos con la enseñanza y la investigación; trabajadores que sostienen la operación diaria de la institución; estudiantes que, generación tras generación, han asumido el estudio como un acto de superación personal y colectiva. Esta suma de voluntades ha permitido que Roque llegue al siglo XXI con identidad clara, memoria viva y visión de futuro.
Hoy, al acercarse la celebración de su centenario en 2026, la Escuela de Roque no solo mira hacia atrás para recordar su historia, sino que reafirma su compromiso con las nuevas generaciones. La educación que aquí se imparte continúa evolucionando, incorporando ciencia, tecnología, innovación y sustentabilidad, sin perder de vista su raíz social y su profunda conexión con la tierra.
Hablar de la Escuela de Roque es hablar de permanencia, de resiliencia institucional y de esperanza educativa. Es reconocer que la educación transforma vidas, territorios y sociedades. Es entender que esta escuela no es únicamente un espacio físico, sino una comunidad histórica que ha sabido adaptarse sin renunciar a su esencia.
A cien años de su fundación, la Escuela de Roque sigue siendo un símbolo de lo que la educación pública puede lograr cuando se sostiene en el compromiso, la identidad y la vocación de servicio. Su historia continúa escribiéndose cada día, en cada aula, en cada campo de práctica y en cada egresado que lleva consigo el orgullo de haber sido formado en Roque.
Reseña del Centenario del Instituto Tecnológico de Roque
Hoy compartimos con ustedes una historia que no pertenece solo a una institución, sino a la memoria educativa y social de nuestra región y de nuestro país: la historia de la Escuela de Roque, una institución que cumple cien años formando generaciones desde la tierra, el conocimiento y el compromiso social.
La Escuela de Roque nace en 1926, en un México que buscaba reconstruirse a través de la educación. Desde su origen, asumió una misión clara: llevar educación técnica y científica al campo mexicano, formar jóvenes capaces de transformar su entorno y dignificar la vida rural. Su modelo educativo, basado en el principio de aprender haciendo, convirtió al aula y al campo en un mismo espacio formativo.
Durante décadas, Roque fue una escuela rural con internado, lo que permitió que jóvenes de comunidades alejadas accedieran a una educación que, de otro modo, les habría sido imposible. Aquí no solo se enseñaron conocimientos técnicos; se formó carácter, disciplina, sentido de comunidad y responsabilidad social. Para muchos estudiantes, Roque fue escuela, hogar y proyecto de vida.
A lo largo de cien años, la institución ha vivido profundas transformaciones. Ha cambiado de nombre en nueve ocasiones, reflejando los distintos momentos de la política educativa nacional, pero nunca ha cambiado su esencia. La vocación agropecuaria, el compromiso con el desarrollo del campo y la formación de profesionales útiles a la sociedad han sido su hilo conductor permanente.
En este camino, la Escuela de Roque también ha enfrentado retos complejos: luchas por la tierra, ajustes institucionales y momentos de incertidumbre. Sin embargo, la fortaleza de su comunidad —alumnos, docentes, directivos y trabajadores— ha sido clave para su permanencia. Cada desafío fue superado con trabajo colectivo y convicción.
Cuarenta directores han guiado esta institución a lo largo de su historia, tres de ellos mujeres, dejando huella en distintas etapas de crecimiento y consolidación. Bajo su liderazgo, Roque se integró al sistema nacional de educación tecnológica y fortaleció su oferta académica, la investigación aplicada y la vinculación con el entorno productivo.
El mayor legado de la Escuela de Roque está en su gente. Miles de egresados formados aquí han llevado sus conocimientos a ejidos, empresas, centros de investigación, aulas y proyectos productivos en todo el territorio nacional y fuera de México. Son ingenieros, técnicos, investigadores y docentes que han contribuido al desarrollo agropecuario y agroindustrial de México.
Hoy, cuando nos acercamos al centenario que se celebrará en 2026, la Escuela de Roque reafirma su compromiso con el futuro. En un mundo que enfrenta grandes desafíos en la producción de alimentos, la sustentabilidad y el cuidado del entorno, esta institución mantiene vigente su razón de ser.
Hablar de Roque es hablar de permanencia, de identidad y de esperanza. Es reconocer que la educación transforma vidas y territorios. A cien años de su fundación, la Escuela de Roque sigue de pie, fuerte, con memoria viva y con la mirada puesta en las nuevas generaciones que continúan escribiendo esta historia.


