Andrés Téllez
Desde tempranas horas, el Foro El Obraje comenzó a recibir a visitantes provenientes de distintas partes del mundo, quienes encontraron en este festival una puerta para descubrir los sabores más auténticos de México.
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Turistas internacionales y nacionales convivieron en un ambiente relajado, rodeado de naturaleza, arquitectura y propuestas que giran en torno a la fermentación y la producción artesanal.

Más de 30 expositores dieron forma a esta experiencia. Entre ellos destacaron proyectos de vino orgánico y biodinámico, que ofrecieron degustaciones donde cada copa reflejaba procesos naturales y el carácter del terruño. A su lado, la cerveza artesanal, el tepache embotellado traído desde Mazatlán, la kombucha y otras bebidas fermentadas como el Pulque, donde Pulquería La Otomí de San Miguel de Allende, trajo agua miel, pulque natural y curado, con su sabor único, todos ellos ampliaron el abanico de sabores, permitiendo a los asistentes recorrer distintas regiones del país a través del paladar.
La oferta gastronómica fue otro de los grandes atractivos. Cocineras tradicionales compartieron recetas elaboradas con maíz y técnicas heredadas por generaciones, mientras que restaurantes locales y propuestas invitadas de otros estados presentaron platillos que combinaron tradición e innovación. La degustación constante convirtió el recorrido en una experiencia sensorial, donde cada bocado dialogaba con los vinos y bebidas disponibles.

El festival también integró espacios pensados para toda la familia. Un área dedicada a niñas y niños ofreció talleres de observación de aves y dibujo, acercándolos a la naturaleza y al entorno del recinto. Este espacio permitió que el evento se viviera de manera incluyente, donde cada integrante pudiera encontrar una actividad a su medida.
A lo largo del día, la música acompañó la experiencia. Presentaciones en vivo y sets de DJ crearon una atmósfera dinámica que evolucionó conforme avanzaba la jornada, pasando de un ambiente relajado durante la tarde a uno más festivo al caer la noche. Entre brindis y encuentros, los asistentes prolongaron su estancia disfrutando de cada rincón del lugar.

Fermente Fest no solo ofreció degustaciones, sino una forma distinta de vivir San Miguel de Allende: a través de su diversidad cultural, su vocación turística y su capacidad de reunir propuestas de distintas latitudes en un solo espacio. La combinación de sabores, actividades y visitantes internacionales dejó ver un evento consolidado, que apuesta por lo sustentable, lo artesanal y lo comunitario.
