Manos pequeñas, truenos grandes; fe y adrenalina desde la niñez en San Juan de la Vega


CELAYA, GTO. A 17 DE FEBRERO 2026.- El ser partícipe de la centenaria tradición de los truenos en San Juan de la Vega, además del riesgo que involucra, es vivir la fe, encomendarse a San Juanito para que nada pase y vivir como se les ha enseñado desde muy pequeños.

Así fue el sentir y los testimonios de tres jóvenes participantes en esta celebración, resaltando que dos de ellos tienen 11 años y a pesar de su corta edad, la adrenalina y preparación, es más que real.

José Arturo con tan solo 11 años, desde los ocho ya participa de manera “formal” pero su formación es desde mucho tiempo atrás.

“Pero bueno, desde que yo me acuerdo, desde chiquito me ponían a pegarle con el martillo, no venía para acá, los tronaba en mi casa”, contó el pequeño.

Él acude con su papá o sus amigos y aunque consciente del daño que puede pasar, acude con alegría.

“Si esta feo, porque un día, estaba con mi papá en el 2025 y uno si se abrió muy feo, me dio miedo echar, pero volví a echar, porque es la tradición”, relató.

Ha sufrido pequeños accidentes, el más grave fue en la mano, donde “se voló” un dedo.

Se ha propuesto seguir acudiendo año con año, a echar truenos y así preservar su tradición.

Desde pequeño ha participado.

El pequeño Abraham, tiene nueve años, y desde hace seis años participa, en ese entonces él tenía tres años y desde los cinco se ha preparado pues es una “tradición muy bonita”.

“Desde los cinco lo hacía porque es una tradición muy bonita, luego unos se vuelan las manos, los pies, luego se los llevan en ambulancia y yo desde los cinco estoy aquí echando porque es una tradición muy bonita”, refirió.

Viene con su papá o su tío, y aunque una vez se lesionó el pie, sigue participando.

“No tengo miedo, porque es una tradición muy bonita, y de grande seguiré viniendo, (¿sabías que querían prohibir la tradición, que opinas?) sí, pero esta muy mal, porque San Juanito era un ratero pero se los daba a los pobres y es muy bonito eso, yo por eso pido que no lo quiten”, resaltó.

Comentó que la emoción de vivirlo es tanta que desde la noche anterior se preparó.

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Mientras que José Guadalupe, tiene siete años participando, fue heredado de sus abuelos y participa con alegría.

“Sabemos de los accidentes que pueden pasar a mayores, se pueden volar las manos, los dedos, a mi solo me han pasado quemaduras pero nada grave”, contó.

Aunque sí conoció a un pariente que perdió los dedos.

Con respecto a la prohibición señaló que el gobierno no puede hacer mucho pues es algo de muchos años.

“No pueden, yo siento que no lo pueden hacer porque es una tradición que viene desde hace muchos años atrás, si querían prohibir el carnaval pero nomás nos dijeron como amenazas” señaló.

Finalmente, por recomendación de las autoridades decidieron irse al campo a seguir con los festejos.